No estoy hablando del año 98...
El 31 estuvimos mami y yo solitas.Nos tomamos dos whiskies cada una y comimos algunas cositas. Y, tal vez por el efecto de los tragos, empezamos a hablar del amor.
Yo le dije que no había perdido las esperanzas de encontrar a alguien. Y ella me respondió:"-Claro! El amor no tiene edad. Yo a mi edad puedo enamorarme. El corazón no envejece". O sea, a sus 98 años , aunque su piel y su físico no estén en lo mejor, lo de adentro no ha cambiado.
Y lo entiendo perfectamente.Porque yo también veo el paso de los años en mi aspecto exterior, pero por dentro me siento joven, y me emociono y hasta lloro con alguna película o cuando escucho alguna música...
Recuerdo cuando era joven y veía a las personas mayores como si ya se les hubiera acabado la vida, como si no tuvieran nada que hacer ya... Ahora que estoy mayor comprendo ... y no me asusta si los demás me ven como a una señora de casi la tercera edad, porque adentro mío me estoy riendo y me siento hasta más joven que ellos.
Así que empiezo este 2009 con nuevas perspectivas, con nuevos proyectos. Voy a trabajar para que hayan cambios y eso sólo me corresponde a mi hacerlos.
Y también me siento feliz de tener una mamá que, rondando los cien, todavía tiene aliento, ilusiones, se mantiene feliz y agradecida con la vida, y tiene sueños para repartir.
viernes, 2 de enero de 2009
viernes, 26 de diciembre de 2008
Un año que se va
Este es un pequeño paréntesis para desear a todo el que me lea, que tenga un buen fin de año y un excelente comienzo del nuevo.
Siempre terminar uno nos hace recordar las cosas pasadas y pensar en lo que vendrá. Ese resumen no nos deja siempre satisfechos de nuestros logros y por lo tanto,nos porponemos hacer las cosas mejor en el próximo.
Y al pensar en todo lo pasado, sé que no he hecho todo bien, pero tampoco, tan mal. Y me propongo aceptarme tal cual soy y aceptar la realidad como es. Aceptar que no puedo cambiar muchas cosas y convivir con eso sin sufrir.
Y abrir las puertas a lo que vendrá, porque no sabemos qué nos espera ... y ojalá sean muchas cosas buenas.
Siempre terminar uno nos hace recordar las cosas pasadas y pensar en lo que vendrá. Ese resumen no nos deja siempre satisfechos de nuestros logros y por lo tanto,nos porponemos hacer las cosas mejor en el próximo.
Y al pensar en todo lo pasado, sé que no he hecho todo bien, pero tampoco, tan mal. Y me propongo aceptarme tal cual soy y aceptar la realidad como es. Aceptar que no puedo cambiar muchas cosas y convivir con eso sin sufrir.
Y abrir las puertas a lo que vendrá, porque no sabemos qué nos espera ... y ojalá sean muchas cosas buenas.
Empezando a asentarnos
Hay momentos de nuestra vida que quedan bien demarcados por fechas, que son fáciles de localizar en el tiempo. Para mí , el "tiempo de Francia" es uno de esos.
Así que recuerdo tantos detalles de aquellos primeros días, de la confusión del idioma, de no entender nada, de sentirse un pocó inválidos por esa falta de comunicación...
Y las caminatas por la ciudad con los chicos... parecíamos salidos de una película... todos en fila por las aceras , callecitas y centros comerciales. Todos con los ojos abiertos ante las vidrieras que ya anticipaban las ropas invernales: bufandas, abrigos, guantes, gorras... todo era nuevo para los chicos, que soñaban mirando tantas cosas coloridas, deseando que llegara el frío.
Pero también los paseos a la fuente dela Comèdie, las caminatas por la Esplanàde, oyendo tambores africanos , y con sus árboles tan verdes que nos daban un respiro en aquel caluroso verano.
Y los perros de todos los tamaños y colores, caminando junto a sus dueños. Unos elegantes y sofisticados, otros, con su pañuelito al cuello y dueños de apariencia ... no muy amistosa...
Y las aceras, bueno mejor ni acordarse de cómo quedaban al paso de tantos canes, y tantos dueños apurados que dejaban sus rastros perfumados ...mmm ... había que andar con cuidado. Yo siempre decía que los turistas eran los que iban admirando los edificios y las cúpulas, mientras los vecinos eran los que iban mirando al suelo, esquivando los "regalos" que dejaban los bien alimentados animales...
Uno de esos días,llegamos a conocer nuestro apartamento, frente a la estación del tren. Subimos los tres pisos con sus interminables escalones ... y aquél calor... Una sala comedor amplia con un balcón con dos puertas, tres dormitorios bastante oscuros, un baño y una cocina miniaturas. Y por cierto, la cocina era como un pasillo, y oscurísima...con una mesita pegada a la pared. Pero cabíamos todos. No éramos muy exigentes.
Así que a prepararse para llegar con todas las valijas y empezar a buscar muebles. Cuántas carreras! Y con tres chicos...
Así que recuerdo tantos detalles de aquellos primeros días, de la confusión del idioma, de no entender nada, de sentirse un pocó inválidos por esa falta de comunicación...
Y las caminatas por la ciudad con los chicos... parecíamos salidos de una película... todos en fila por las aceras , callecitas y centros comerciales. Todos con los ojos abiertos ante las vidrieras que ya anticipaban las ropas invernales: bufandas, abrigos, guantes, gorras... todo era nuevo para los chicos, que soñaban mirando tantas cosas coloridas, deseando que llegara el frío.
Pero también los paseos a la fuente dela Comèdie, las caminatas por la Esplanàde, oyendo tambores africanos , y con sus árboles tan verdes que nos daban un respiro en aquel caluroso verano.
Y los perros de todos los tamaños y colores, caminando junto a sus dueños. Unos elegantes y sofisticados, otros, con su pañuelito al cuello y dueños de apariencia ... no muy amistosa...
Y las aceras, bueno mejor ni acordarse de cómo quedaban al paso de tantos canes, y tantos dueños apurados que dejaban sus rastros perfumados ...mmm ... había que andar con cuidado. Yo siempre decía que los turistas eran los que iban admirando los edificios y las cúpulas, mientras los vecinos eran los que iban mirando al suelo, esquivando los "regalos" que dejaban los bien alimentados animales...
Uno de esos días,llegamos a conocer nuestro apartamento, frente a la estación del tren. Subimos los tres pisos con sus interminables escalones ... y aquél calor... Una sala comedor amplia con un balcón con dos puertas, tres dormitorios bastante oscuros, un baño y una cocina miniaturas. Y por cierto, la cocina era como un pasillo, y oscurísima...con una mesita pegada a la pared. Pero cabíamos todos. No éramos muy exigentes.
Así que a prepararse para llegar con todas las valijas y empezar a buscar muebles. Cuántas carreras! Y con tres chicos...
sábado, 20 de diciembre de 2008
Reconociendo el terreno
Vuelvo a Montpellier, luego del brevísimo paréntesis...
Era agosto, el tiempo empezaba a cambiar,sonaban truenos por doquier... Y nosotros, como sardinas en lata,acomodados dentro del apartamento con dos cuartos, una mini-cocina, una sala que no podíamos usar porque estaba el oso hibernando (o sea, la hija de la dueña) y aquellos calores espantosos... y contando cada centavo de franco (no eran euros entonces)...
Salir de casa significaba gastar plata, almenos en el autobús. Así que la familia gitana se desplazaba sin ton ni son a recorrer calles y gastar lo menos posible, tratando de adaptarse a los precios.
Cuando Christine nos prestó su auto fue algo maravillosamente atemorizante: el que manejaba era mi marido, sin licencia francesa y sin conocer mucho las reglas de tránsito ni las señales , y sin saber ,por ejemplo, que nos iban a hacer cara fea si tocábamos la bocina(claxon-pito...) Igualmente nos arriesgamos e hicimos el paseo que nos recomendó, escondiendo la radio o llevándola con nosotros para prevenir robos...Creo que algo pasaba.... no recuerdo si es que las puertas o las ventanas no cerraban bien, pero algo no andaba bien...
Así que a Saint Guilhem -le Désert , un pueblito medieval en medio de las montañas. Ya el recorrido fue fantástico, "degustando" las carreteras francesas ,impecables , bien demarcadas y con bellísimos paisajes de montañas y ríos. Conocimos también una gruta, la primera de la lista que visitaríamos en otras ocasiones. Así que fue una gran experiencia para todos. Claro,entender lo que decía el guía en la gruta era ya otra historia... mmm
Llegamos a casa sanos y salvos, luego de haber conocido un supermercado, también , que nos devolvió la fé de que podríamos vivir allí.
Mientras tanto, seguíamos en nuestros trámites de buscar casa y auto... escuelas y un montón de cosas.
Y no recuerdo cuánto tardamos... tal vez unos quince días, hasta que vimos por primera vez el apartamento que sería nuestra morada durante tres años...
Era agosto, el tiempo empezaba a cambiar,sonaban truenos por doquier... Y nosotros, como sardinas en lata,acomodados dentro del apartamento con dos cuartos, una mini-cocina, una sala que no podíamos usar porque estaba el oso hibernando (o sea, la hija de la dueña) y aquellos calores espantosos... y contando cada centavo de franco (no eran euros entonces)...
Salir de casa significaba gastar plata, almenos en el autobús. Así que la familia gitana se desplazaba sin ton ni son a recorrer calles y gastar lo menos posible, tratando de adaptarse a los precios.
Cuando Christine nos prestó su auto fue algo maravillosamente atemorizante: el que manejaba era mi marido, sin licencia francesa y sin conocer mucho las reglas de tránsito ni las señales , y sin saber ,por ejemplo, que nos iban a hacer cara fea si tocábamos la bocina(claxon-pito...) Igualmente nos arriesgamos e hicimos el paseo que nos recomendó, escondiendo la radio o llevándola con nosotros para prevenir robos...Creo que algo pasaba.... no recuerdo si es que las puertas o las ventanas no cerraban bien, pero algo no andaba bien...
Así que a Saint Guilhem -le Désert , un pueblito medieval en medio de las montañas. Ya el recorrido fue fantástico, "degustando" las carreteras francesas ,impecables , bien demarcadas y con bellísimos paisajes de montañas y ríos. Conocimos también una gruta, la primera de la lista que visitaríamos en otras ocasiones. Así que fue una gran experiencia para todos. Claro,entender lo que decía el guía en la gruta era ya otra historia... mmm
Llegamos a casa sanos y salvos, luego de haber conocido un supermercado, también , que nos devolvió la fé de que podríamos vivir allí.
Mientras tanto, seguíamos en nuestros trámites de buscar casa y auto... escuelas y un montón de cosas.
Y no recuerdo cuánto tardamos... tal vez unos quince días, hasta que vimos por primera vez el apartamento que sería nuestra morada durante tres años...
jueves, 18 de diciembre de 2008
CUMPLEAÑOS...FELIZ???
Se supone que uno debe ser feliz en su cumpleaños...
El caso es que, cuando las nubes grises no son las del cielo, como en Berlín, sino adentro de uno, las ganas de festejar son pocas.
Debe ser por eso la costumbre de la gente que lo llama y felicita: para levantarle los ánimos...
El caso es que, cuando las nubes grises no son las del cielo, como en Berlín, sino adentro de uno, las ganas de festejar son pocas.
Debe ser por eso la costumbre de la gente que lo llama y felicita: para levantarle los ánimos...
martes, 16 de diciembre de 2008
Los primeros días
Nos fuimos a dormir todos contentos. Y a despertar a la mañana para ver qué hacíamos. Antes que nada, volver a intentar localizar a la persona que nos alquilaba su apartamento.
Y lo logramos. Así que fuimos a la estación en busca de nuestro inmenso equipaje y a buscar nuestro nuevo alojamiento, aunque temporal.
Nos abrió una señora medio despeinada , que más bien se le pararon los pelos cuando nos vio llegar con TODO. Estaba realmente asustada. Ella tenía que dejarnos el lugar porque se iba de vacaciones. Y se fue, pero no de vacaciones.
Ah, lo que fue instalarnos. Parecíamos realmente unos pueblerinos. Y con tres chicos! Las valijas en medio del pasillo... y buscar algún lugar donde comprar algo para comer. Lo encontramos y... primer susto: los precios. Ya mi marido decía que así no podríamos vivir, porque la plata no iba a alcanzar. Volvimos a la casa, a cocinar. Ahumamos la cocina... nos apilamos en la mini-mesa para comer todos... y aquél calor espantoso que hacía... y cuidado con el gato, al que había que alimentar pero no darle leche porque le hacía mal al estómago... Y la lavadora de ropa ... que no sabíamos cómo usarla... Aquello fue divertidamente caótico.
Y para completar, andábamos con los horarios cambiados: dormíamos cuando todo el mundo andaba despierto, y nos despertábamos cuando todo el mundo se iba a dormir... El desconcierto era total. Entre el calor y el sueño , los humarascales en la cocina, las valijas sin desarmar.... apareció la hija de la dueña, que se quedaría a dormir en la sala.
La llamábamos "el oso" porque lo único que hacía era dormir... y como lo hacía en el sofá... había un lugar, el más grande de la casa, al que no teníamos acceso.
El apartamento quedaba en las afueras de Montpellier.Era un barrio tranquilo... muy tranquilo... Alli no había más que un pequeño abastecedor, carísimo... y unas calles llenas de sol y nada más... Caminábamos como locos en busca de algo de animación, la que habíamos visto en el centro... pero sin resultados.
Entonces empezaron las idas al centro de la ciudad, que era como salir de fiesta.Pero, otro susto: los precios de los autobuses... Había que andar contando las monedas... y la plata corría.
Ah, la primera ida al centro, a caminar por las calles y callecitas... qué maravilla!Calles peatonales
angostísimas que terminaban a veces sen escalones... Parecía un cuento de hadas.A pesar del sol que nos horneaba, recorrimos de arriba a abajo la ciudad antigua, nos fuimos otra vez a la Comèdie, encontramos una fuente de agua que fue nuestra salvación. Ese se convirtió en EL SITIO para "estacionarnos".Nos mojábamos las manos y la cara, nos salpicábamos... parecíamos locos.
Y retomábamos fuerzas para seguir conociendo.
La ayuda y consejos de un profesor nos alivió la inmensa tarea de buscar un apartamento en el centro, abrir cuenta en el banco, buscar escuelas para los chicos, conseguir muebles usados... fue una GRAN AYUDA!!!
Pero antes de mudarnos al nuevo lugar que más adelante contaré, la señora que nos alquiló el apartamento nos prestó un día su auto y pudimos no sólo ir a un supermercado de veras, mucho más barato, sino hacer algún paseíto... con algunas complicaciones.
Todavía siento la emoción y revivo ese tiempo de acomodarnos al nuevo pais, que fue amor a primera vista y para siempre.
Y lo logramos. Así que fuimos a la estación en busca de nuestro inmenso equipaje y a buscar nuestro nuevo alojamiento, aunque temporal.
Nos abrió una señora medio despeinada , que más bien se le pararon los pelos cuando nos vio llegar con TODO. Estaba realmente asustada. Ella tenía que dejarnos el lugar porque se iba de vacaciones. Y se fue, pero no de vacaciones.
Ah, lo que fue instalarnos. Parecíamos realmente unos pueblerinos. Y con tres chicos! Las valijas en medio del pasillo... y buscar algún lugar donde comprar algo para comer. Lo encontramos y... primer susto: los precios. Ya mi marido decía que así no podríamos vivir, porque la plata no iba a alcanzar. Volvimos a la casa, a cocinar. Ahumamos la cocina... nos apilamos en la mini-mesa para comer todos... y aquél calor espantoso que hacía... y cuidado con el gato, al que había que alimentar pero no darle leche porque le hacía mal al estómago... Y la lavadora de ropa ... que no sabíamos cómo usarla... Aquello fue divertidamente caótico.
Y para completar, andábamos con los horarios cambiados: dormíamos cuando todo el mundo andaba despierto, y nos despertábamos cuando todo el mundo se iba a dormir... El desconcierto era total. Entre el calor y el sueño , los humarascales en la cocina, las valijas sin desarmar.... apareció la hija de la dueña, que se quedaría a dormir en la sala.
La llamábamos "el oso" porque lo único que hacía era dormir... y como lo hacía en el sofá... había un lugar, el más grande de la casa, al que no teníamos acceso.
El apartamento quedaba en las afueras de Montpellier.Era un barrio tranquilo... muy tranquilo... Alli no había más que un pequeño abastecedor, carísimo... y unas calles llenas de sol y nada más... Caminábamos como locos en busca de algo de animación, la que habíamos visto en el centro... pero sin resultados.
Entonces empezaron las idas al centro de la ciudad, que era como salir de fiesta.Pero, otro susto: los precios de los autobuses... Había que andar contando las monedas... y la plata corría.
Ah, la primera ida al centro, a caminar por las calles y callecitas... qué maravilla!Calles peatonales
angostísimas que terminaban a veces sen escalones... Parecía un cuento de hadas.A pesar del sol que nos horneaba, recorrimos de arriba a abajo la ciudad antigua, nos fuimos otra vez a la Comèdie, encontramos una fuente de agua que fue nuestra salvación. Ese se convirtió en EL SITIO para "estacionarnos".Nos mojábamos las manos y la cara, nos salpicábamos... parecíamos locos.
Y retomábamos fuerzas para seguir conociendo.
La ayuda y consejos de un profesor nos alivió la inmensa tarea de buscar un apartamento en el centro, abrir cuenta en el banco, buscar escuelas para los chicos, conseguir muebles usados... fue una GRAN AYUDA!!!
Pero antes de mudarnos al nuevo lugar que más adelante contaré, la señora que nos alquiló el apartamento nos prestó un día su auto y pudimos no sólo ir a un supermercado de veras, mucho más barato, sino hacer algún paseíto... con algunas complicaciones.
Todavía siento la emoción y revivo ese tiempo de acomodarnos al nuevo pais, que fue amor a primera vista y para siempre.
martes, 9 de diciembre de 2008
LA COMÈDIE
Creo que nunca olvidaremos nuestra llegada a Montpellier.
Como ya había dicho anteriormente, buscamos un hotelito cerca de la estación y luego... a ver qué comíamos.
Salimos del, que quedaba frente a un "Rock-Store" y claro, lo primero que vimos fueron "roqueros" con aquellos cortes de pelo estrafalarios, las vestimentas, parecidas y casi todos con un perro con un pañuelo al cuello...Era la primera vez que veíamos "punks" en "vivo".
Caminamos dos cuadras ... era verano... y estaba lleno de gente por todos lados. Llegamos a la Place de la Comèdie... y fue amor a primera vista. Aquello era una marejada de gente. Estaba lleno aunque ya era de noche. Gente sentada en los restaurantes y cafeterías que bordean la plaza, por supuesto,comiendo y mirando a la gente que pasaba. Habían mimos, músicos, malabaristas y otros haciendo sus espectáculos y pasando el sombrerito. Encontramos todo lleno de luz, música... no lo podíamos creer.Veníamos de viajar no me acuerdo qué montón de horas, de pasar por aeropuertos y estaciones... y aquello era como entrar a un cuento de hadas.
Ni me acuerdo qué comimos... sólo recuerdo que nos fuimos a acostar con esa sensación de que algo fantástico iba a pasar.
Como ya había dicho anteriormente, buscamos un hotelito cerca de la estación y luego... a ver qué comíamos.
Salimos del, que quedaba frente a un "Rock-Store" y claro, lo primero que vimos fueron "roqueros" con aquellos cortes de pelo estrafalarios, las vestimentas, parecidas y casi todos con un perro con un pañuelo al cuello...Era la primera vez que veíamos "punks" en "vivo".
Caminamos dos cuadras ... era verano... y estaba lleno de gente por todos lados. Llegamos a la Place de la Comèdie... y fue amor a primera vista. Aquello era una marejada de gente. Estaba lleno aunque ya era de noche. Gente sentada en los restaurantes y cafeterías que bordean la plaza, por supuesto,comiendo y mirando a la gente que pasaba. Habían mimos, músicos, malabaristas y otros haciendo sus espectáculos y pasando el sombrerito. Encontramos todo lleno de luz, música... no lo podíamos creer.Veníamos de viajar no me acuerdo qué montón de horas, de pasar por aeropuertos y estaciones... y aquello era como entrar a un cuento de hadas.
Ni me acuerdo qué comimos... sólo recuerdo que nos fuimos a acostar con esa sensación de que algo fantástico iba a pasar.
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