Ya estábamos en la casa nueva, recién remodelada. Era una casita con jardín y todo hacía parecer que las cosas iban a andar bien. Lo único que empezó a funcionar mal en esos momentos es que, como ya estábamos a sólomedia hora de la capital, ahora HABIA que ir TODOS los domingos a ver a la suegrilla.Uffffffffff.
Fuera de eso, salía con mi hijo a caminar por el barrio. Hablaba con la señora del correo, compraba alguna cosa por ahí. El barrio era en realidad como un pueblito, aunque todo el mundo vivía metido dentro de sus casas. Rara vez se encontraba una con alguien con quien conversar.
Pero no estaba mal. Era todo un cambio.
Y mi panza crecía yla fecha se acercaba.
Uno de mis temores era que cómo podría yo querer a alguien tanto como quería a mi primer hijo. Era todo un conflicto. Y hasta me sentía mal con él: le traía un rival en mi cariño... Qué risa ahora que lo pienso. Per es cierto que no sabía cómo podría dividir mi amor.
Mami llegó esta vez en fecha... antes del nacimiento.
Y llegó el día... bueno, más bien , la noche en que empezaron los dolores. Aí que, preparar todo y rumbo al hospital.
Al llegar ahí, tropezamos con la burocracia. Qué dónde estab mi expediente... "Y cómo voy a saberlo? " Y empezó la discusión con el de la recepción en Emergencias y yo explicándole que había consultado a tal doctor privadamente, pero que él trabajaba en ese hospital y que tal vez no había expediente ...y cada vez me ponía más furiosa a medida qaue aumentaban los dolores... hasta que de pronto me sentí empapada y un gran charco debjo mío: había roto fuentes.
Ahí, si, una camilla y a correr a sala de partos. (Ahora entiendo por qué mi hija era tan furiosa, je,je)
Y sala de partos... y sala de partos. Y las demás mamás quejándose y gritando, y yéndose a parir... y yo seguía allí... Y pasaron las horas ... y llegó la mañana ... Y sala de partos... y parecía que ya iba a nacer , y que puje , y que nada... Hasta que me dijeron : cesárea. Su hijo (o hija, no lo sabía en esos momentos) está sentado.
Ay,ay,ay. Otra vez cesárea... no,no.
Pues sí. Epidural hasta que empezó a pasar el efecto y luego la anestesia... Luego entre sueños escuché una voz amiga (quien nos había alojado en su casa cuando llegamos del Caribe) diciendo: es una "machita " preciosa. En ese entonces no sabía que machita era equivalente a rubia.
Cuando finalmente me desperté, pregunté: qué es? es cierto que es una mujer? Ah, qué alegría. No sé por qué siempre había pensado aque sería otro varón, así que fue una nueva emoción el tener una hija.
Al rato me la trajeron y de verdad era preciosa . Una rubiecita tirando a pelirroja con una manchita en la ceja. La gente decía que es que había estado en un eclipse mientras estaba embarazada, y por eso a esas manchitas las llamaban "eclipse".En fin, después me enteré que se llamaba hemagioma o algo así, aunque suena más divertido lo del eclipse.
Lo cierto es que no me acuerdo de ningún eclipse durante el embarazo, ja,ja!
Mi estadía en el hospital fue mejor que en el del Caribe , pero el dolor de la cesárea es horrible, horrible.
Pero bueno, ahí estaba yo finalmente saliendo con mi chiquita en brazos . Y ya eran dos. Y ya la familia era más grande.
miércoles, 13 de agosto de 2008
viernes, 8 de agosto de 2008
Tiempos revueltos
Y así comienza la nueva etapa. Una nueva vida dentro de la mía.
Fue también una época conflictiva en la provincia, con huelgas, movimientos,corridas y eel padre de mis hijos estaba comprometido con la comunidad y apoyando a los que protestaban. Por eso se ganó una llamada de atención en su trabajo...como juez.
Y no sólo eran las protestas , las manifestaciones, sino que el tiempo también estaba de mal humor. De todas maneras por allá siempre llueve torrencialmente, pero esta vez fue peor. Recuerdo un día en que los truenos sonaban que parecía una guerra. Me fui a la cama de mi hijo a cantarle "que llueva, que llueva..." y de golpe miro para el piso y estábamos en medio de una laguna. La casa inundada!!!!
El agua entraba por la rendija de la puerta. La calle era como un río torrentoso, cargado de cocos, ramas, basura y hasta ratas.... rumbo al mar, que estaba como a los 150 metros.No había forma de detener la entrada de agua, así que abrimos la puerta que daba al patio para que al menos saliera por alguna parte. Por el lado de atrás no corría el río.
Finalmente empezó a bajar el agua, mientras poníamos a salvo todo lo que estuviera por abajo (ni hablar de una alfombra de yute que teníamos) . Cuando ya el agua bajó, lo que quedó fue un barrial espantoso, así que con manguera tuvimos que limpiar la casa...
Pocos días después, cuando estábamos visitando a mis suegros, nos avisaron que habían habido inundaciones otra vez. Volvimos, volvimos a limpiar con el mismo método... Y cuando hubo una tercera inundación ya me dije, la tercera es la vencida. Nos vamos de aquí.
Así que recogimos todo lo que teníamos y unos vecinos de una casa más arriba nos ofrecieron albergue temporal, mientras veíamos qué hacíamos. Alli nos fuimos, como gitanos. Un colchón en el piso y a pasar los temporales, de tiempo y de trabajo. Seguían las huelgas y manifestaciones y mi marido ya estaba harto y resentido contra la Corte, por la llamada de atención, así que renunció. Fue nada más el tiempo de cumplir con el preaviso y finalmente partimos hacia la capital.
Ya le había advertido que a la casa de su mamá no iba... así que mientras esperábamos que nos entregaran la casa que nos iban a alquilar unos conocidos, unos amigos nos invitaron a quedarnos con ellos. Otra vez de gitanos.
Sinceramente, para mí fue un tiempo fatal, porque si bien estaba en casa de unos amigos... no estaba en mi casa... estábamos invadiendo la privacidad de una familia. Mi marido había encontrado un trabajo en la Universidad y se iba todo el día...
No recuerdo cuánto tiempo estuvimos allí, hasta que finalmente nos avisaron que la casa en la que viviríamos estaba lista. Así que allá fuimos y nos instalamos. Buen clima, húmedo , pero más fresco. Teníamos un jardín grande. Volvía la tranquilidad.
El trabajo de él quedaba cerca así que llegaba a almorzar todos los días así que hubo calma por un tiempo. Ya mi hijo tenía más de dos años y venía su hermanita en camino.Y la abuela de Argentina también.
Ya ese es un capítulo aparte.
Fue también una época conflictiva en la provincia, con huelgas, movimientos,corridas y eel padre de mis hijos estaba comprometido con la comunidad y apoyando a los que protestaban. Por eso se ganó una llamada de atención en su trabajo...como juez.
Y no sólo eran las protestas , las manifestaciones, sino que el tiempo también estaba de mal humor. De todas maneras por allá siempre llueve torrencialmente, pero esta vez fue peor. Recuerdo un día en que los truenos sonaban que parecía una guerra. Me fui a la cama de mi hijo a cantarle "que llueva, que llueva..." y de golpe miro para el piso y estábamos en medio de una laguna. La casa inundada!!!!
El agua entraba por la rendija de la puerta. La calle era como un río torrentoso, cargado de cocos, ramas, basura y hasta ratas.... rumbo al mar, que estaba como a los 150 metros.No había forma de detener la entrada de agua, así que abrimos la puerta que daba al patio para que al menos saliera por alguna parte. Por el lado de atrás no corría el río.
Finalmente empezó a bajar el agua, mientras poníamos a salvo todo lo que estuviera por abajo (ni hablar de una alfombra de yute que teníamos) . Cuando ya el agua bajó, lo que quedó fue un barrial espantoso, así que con manguera tuvimos que limpiar la casa...
Pocos días después, cuando estábamos visitando a mis suegros, nos avisaron que habían habido inundaciones otra vez. Volvimos, volvimos a limpiar con el mismo método... Y cuando hubo una tercera inundación ya me dije, la tercera es la vencida. Nos vamos de aquí.
Así que recogimos todo lo que teníamos y unos vecinos de una casa más arriba nos ofrecieron albergue temporal, mientras veíamos qué hacíamos. Alli nos fuimos, como gitanos. Un colchón en el piso y a pasar los temporales, de tiempo y de trabajo. Seguían las huelgas y manifestaciones y mi marido ya estaba harto y resentido contra la Corte, por la llamada de atención, así que renunció. Fue nada más el tiempo de cumplir con el preaviso y finalmente partimos hacia la capital.
Ya le había advertido que a la casa de su mamá no iba... así que mientras esperábamos que nos entregaran la casa que nos iban a alquilar unos conocidos, unos amigos nos invitaron a quedarnos con ellos. Otra vez de gitanos.
Sinceramente, para mí fue un tiempo fatal, porque si bien estaba en casa de unos amigos... no estaba en mi casa... estábamos invadiendo la privacidad de una familia. Mi marido había encontrado un trabajo en la Universidad y se iba todo el día...
No recuerdo cuánto tiempo estuvimos allí, hasta que finalmente nos avisaron que la casa en la que viviríamos estaba lista. Así que allá fuimos y nos instalamos. Buen clima, húmedo , pero más fresco. Teníamos un jardín grande. Volvía la tranquilidad.
El trabajo de él quedaba cerca así que llegaba a almorzar todos los días así que hubo calma por un tiempo. Ya mi hijo tenía más de dos años y venía su hermanita en camino.Y la abuela de Argentina también.
Ya ese es un capítulo aparte.
miércoles, 6 de agosto de 2008
OTRA VEZ MAMÁ
Sí, en realidad pensamos que sería bueno tener otro hijo... no quedarnos con uno solo. Así que entramos en campaña.
No recuerdo bien ese tiempo, pero sí recuerdo un viaje a Panamá. Estábamos bastante bien como pareja pero, en algún momento hubo un rompimiento , suegra de por medio. No me acuerdo qué fue lo que pasó, felizmente, pero sí recuerdo que le dije que a la casa de su madre yo no volvía. Que si quería ir a visitarla, nos quedábamos en un hotel y él iba a verla...
Así que la situación se estaba poniendo fea otra vez. Un día él se enfermó y fue a parar al hospital,con mononucleosis. En ese tiempo ya habíamos hablado de separarnos. Sus papás llegaron a verlo y a ponerme más nerviosa.
Otra cosa que recuerdo es que ella siempre hablaba de su otra nuera, que era una maravilla: tenía a mi cuñado hecho "un muñeco". Toda su ropa estaba bien lavada y planchada, le cortaba las uñas y lo peinaba.Le preparaba, mientras él se bañaba, lo que iba a ponerse y se lo dejaba sobre la cama... Oh, ella sí que era buena esposa!!!!
Eso fue un paréntesis que se me vino de golpe a la cabeza, ya que ella siempre vigilaba cómo estaba su otro hijo... y yo no planchaba ropa (menos con ese calor) ni lo trataba como a un bebé. Claro, siempre me mandaba indirectas...
Bueno, ahí estábamos en medio del estrés de que nos separábamos cuando, oh sorpresa, descubrí que estaba embarazada. Ay, ay, ay... ahora qué hacer??? No hay más remedio que seguir adelante. Fui al hospital a verlo y contarle... Así que decidimos seguir luchando para que la pareja funcionara.
Esta supermamá no estaba tan feliz, pero de todas maneras a quien fuera que estuviera en mi pancita iba a quererlo o quererla...
Y fue quererla..........
Y fueron tiempos revueltos.
Pero esos meses vienen en otra historia.
No recuerdo bien ese tiempo, pero sí recuerdo un viaje a Panamá. Estábamos bastante bien como pareja pero, en algún momento hubo un rompimiento , suegra de por medio. No me acuerdo qué fue lo que pasó, felizmente, pero sí recuerdo que le dije que a la casa de su madre yo no volvía. Que si quería ir a visitarla, nos quedábamos en un hotel y él iba a verla...
Así que la situación se estaba poniendo fea otra vez. Un día él se enfermó y fue a parar al hospital,con mononucleosis. En ese tiempo ya habíamos hablado de separarnos. Sus papás llegaron a verlo y a ponerme más nerviosa.
Otra cosa que recuerdo es que ella siempre hablaba de su otra nuera, que era una maravilla: tenía a mi cuñado hecho "un muñeco". Toda su ropa estaba bien lavada y planchada, le cortaba las uñas y lo peinaba.Le preparaba, mientras él se bañaba, lo que iba a ponerse y se lo dejaba sobre la cama... Oh, ella sí que era buena esposa!!!!
Eso fue un paréntesis que se me vino de golpe a la cabeza, ya que ella siempre vigilaba cómo estaba su otro hijo... y yo no planchaba ropa (menos con ese calor) ni lo trataba como a un bebé. Claro, siempre me mandaba indirectas...
Bueno, ahí estábamos en medio del estrés de que nos separábamos cuando, oh sorpresa, descubrí que estaba embarazada. Ay, ay, ay... ahora qué hacer??? No hay más remedio que seguir adelante. Fui al hospital a verlo y contarle... Así que decidimos seguir luchando para que la pareja funcionara.
Esta supermamá no estaba tan feliz, pero de todas maneras a quien fuera que estuviera en mi pancita iba a quererlo o quererla...
Y fue quererla..........
Y fueron tiempos revueltos.
Pero esos meses vienen en otra historia.
domingo, 3 de agosto de 2008
Aceptando la situación
Y el tiempo corría entre el calor, las lluvias, las escapadas a la playa, las visitas a los suegros, que felizmente no iban a casa casi nunca, ya que no les gustaba ni el calor ni las lluvias...
Mi relación de pareja estaba marcada por una dependencia total. El decidía si íbamos a la capital, a la playa, lo que se compraba en el supermercado, él manejaba la plata ... yo casi ni conocía la moneda de aquí porque el resolvía todo. Y yo simplemente miraba y dejaba pasar. Posiblemente era el sentirme atrapada, la desesperanza de poder salir de allí, el panorama argentino que no alentaba a volver... y simplemente me conformé , no me atreví a salir corriendo con mi hijo en brazos.
Además, estaba la presión familiar. Toda esa tradición de que en la familia el divorcio era una cosa impensable. Que el matrimonio era para siempre (en ese entonces en Argentina no existía el divorcio) y que los niños necesitaban un padre... Así que el sólo pensar en separarme me creaba sentimientos de culpa. Sobre todo : "él es un buen padre... cómo harías para mantenerte " etc.etc. Y en ese entonces no sabía nada sobre leyes de separación , ni sobre pensiones alimenticias, y creía que si me separaba, simplemente me moriría de hambre.
Y la vida siguió así. Pasó el tiempo y ya me había resignado a la situación. Y como no había salida,había que simular que todo andaba bien. Mi hijo seguía creciendo y hasta llegamos a pensar en tener otro más.
Pero eso lo dejo para otro día.
Mi relación de pareja estaba marcada por una dependencia total. El decidía si íbamos a la capital, a la playa, lo que se compraba en el supermercado, él manejaba la plata ... yo casi ni conocía la moneda de aquí porque el resolvía todo. Y yo simplemente miraba y dejaba pasar. Posiblemente era el sentirme atrapada, la desesperanza de poder salir de allí, el panorama argentino que no alentaba a volver... y simplemente me conformé , no me atreví a salir corriendo con mi hijo en brazos.
Además, estaba la presión familiar. Toda esa tradición de que en la familia el divorcio era una cosa impensable. Que el matrimonio era para siempre (en ese entonces en Argentina no existía el divorcio) y que los niños necesitaban un padre... Así que el sólo pensar en separarme me creaba sentimientos de culpa. Sobre todo : "él es un buen padre... cómo harías para mantenerte " etc.etc. Y en ese entonces no sabía nada sobre leyes de separación , ni sobre pensiones alimenticias, y creía que si me separaba, simplemente me moriría de hambre.
Y la vida siguió así. Pasó el tiempo y ya me había resignado a la situación. Y como no había salida,había que simular que todo andaba bien. Mi hijo seguía creciendo y hasta llegamos a pensar en tener otro más.
Pero eso lo dejo para otro día.
martes, 29 de julio de 2008
Lo cotidiano en el Caribe
Mi tiempo en el Caribe está , aparte de lejano, algo borroso. Pero recuerdo algunas cosas específicas:
Por ejemplo, desde luego, el calor, que por la noche bajaba un poquito y hasta podía uno ponerse una sábana encima.
Otra, la radio universitaria, que era una de las tres o cuatro que entraban en esa región. Pero esa radio fue una maravilla. La encendía desde temprano, así qsue no me perdía reportajes ni conciertos. Lo mejor es que mi hijo creció escuchando esa música y a los dos años ya podía tararear música de Behetoven o de Vivaldi. Era algo sorprendente.
Las lluvias torrenciales: frente a casa la calle se convertía en río, y traía troncos, ramas, cocos y hasta ratas.... horrooooor! Es más, finalmente fueron dos inundaciones las que nos sacaron de la casa y luego de la vida caribeña. Pero no llego ahí todavía.
La casa pertenecía a una "tira" de casas construida una a la par de la otra. Eran casas baratas. Los cuartos no tenían puertas. Sólo tenía la puerta del frente, la del patio y la del baño. Y todas las casas tenían una abertura en el cielorraso... no sé cómo explicarlo, pero el caso es que podíamos escuchar lo que pasaba en la casa del vecino... con bastante claridad. Menos mal que la pared que daba con la casa del vecino era la de la cocina...
A mi patio llegaban los cangrejos...bueno, en realidad, los cangrejos tenía sus cuevas en mi patio. Nosotros éramos los invasores. Si uno se descuidaba, los cangrejos se metían a la cocina.
Los vecinos de atrás tenían una bebita que gritaba con todos sus pulmones, e igualmente los que estaban a nuestra derecha...
Habían algunas chiquillas que les daba por venir a casa a ver a mi hijo y a veces me ayudaban .... otras, me robaban.
Las ayudaba con sus tareas escolares y hasta les daba clases.
Cuando abría las cortinas del frente y me sentaba a ver tele (cuando al fin adquirimos uno, aunque con señal bastante mala) la gente se paraba frente a casa como quien ve una obra de teatro. Al fin tenía que cerrar las cortinas (el telón) aunque me muriera de calor.
A veces íbamos a la playa en una escapada al mediodía, y a veces lográbamos que una vecina cuidara a nuestro hijo para irnos a cenar a un restaurante chino, que era el mejor de la ciudad.
Esas son las cosas que más recuerdo de la vida cotidiana de allá. Claro que viene otra historia luego, pero quiero que quede enmarcada en estos detalles que conté hoy.
Por ejemplo, desde luego, el calor, que por la noche bajaba un poquito y hasta podía uno ponerse una sábana encima.
Otra, la radio universitaria, que era una de las tres o cuatro que entraban en esa región. Pero esa radio fue una maravilla. La encendía desde temprano, así qsue no me perdía reportajes ni conciertos. Lo mejor es que mi hijo creció escuchando esa música y a los dos años ya podía tararear música de Behetoven o de Vivaldi. Era algo sorprendente.
Las lluvias torrenciales: frente a casa la calle se convertía en río, y traía troncos, ramas, cocos y hasta ratas.... horrooooor! Es más, finalmente fueron dos inundaciones las que nos sacaron de la casa y luego de la vida caribeña. Pero no llego ahí todavía.
La casa pertenecía a una "tira" de casas construida una a la par de la otra. Eran casas baratas. Los cuartos no tenían puertas. Sólo tenía la puerta del frente, la del patio y la del baño. Y todas las casas tenían una abertura en el cielorraso... no sé cómo explicarlo, pero el caso es que podíamos escuchar lo que pasaba en la casa del vecino... con bastante claridad. Menos mal que la pared que daba con la casa del vecino era la de la cocina...
A mi patio llegaban los cangrejos...bueno, en realidad, los cangrejos tenía sus cuevas en mi patio. Nosotros éramos los invasores. Si uno se descuidaba, los cangrejos se metían a la cocina.
Los vecinos de atrás tenían una bebita que gritaba con todos sus pulmones, e igualmente los que estaban a nuestra derecha...
Habían algunas chiquillas que les daba por venir a casa a ver a mi hijo y a veces me ayudaban .... otras, me robaban.
Las ayudaba con sus tareas escolares y hasta les daba clases.
Cuando abría las cortinas del frente y me sentaba a ver tele (cuando al fin adquirimos uno, aunque con señal bastante mala) la gente se paraba frente a casa como quien ve una obra de teatro. Al fin tenía que cerrar las cortinas (el telón) aunque me muriera de calor.
A veces íbamos a la playa en una escapada al mediodía, y a veces lográbamos que una vecina cuidara a nuestro hijo para irnos a cenar a un restaurante chino, que era el mejor de la ciudad.
Esas son las cosas que más recuerdo de la vida cotidiana de allá. Claro que viene otra historia luego, pero quiero que quede enmarcada en estos detalles que conté hoy.
Una aclaraqción
He pensado muchas veces en tantas cosas que me hacían sentir mal en relación con mi pareja, con su familia, con mi vida... Y también he abierto mi mente y comprendido que las cosas por algo sucedieron así, y es porque yo dejé que fueran así.
Por qué? Por miedo , posiblemente. Y miedo a qué... ? A no saber qué hacer... estaba paralizada por miedo a tener que arreglármelas sola... a tener que ponerme a trabajar, a dejar a mi hijo con alguien, a volver a una Argentina convulsionada y peligrosa, a no tener para dónde agarrar, pese a sentirme aplastada en este país.
Es difícil reconocerlo, pero todos estamos donde estamos por lo que hemos hecho antes, por las decisiones tomadas en el pasado, y no podemos culpar a nadie por nuestras decepciones. S i fuimos demasiado ingenuos, si esperamos más de lo que nos podían dar... es nuestra responsabilidad y hay que aprender de eso,para no volver a equivocarse.
Así es que todo lo que cuente hay que verlo desde dos perspectivas: cómo me sentía entonces y lo que pienso ahora.
Por qué? Por miedo , posiblemente. Y miedo a qué... ? A no saber qué hacer... estaba paralizada por miedo a tener que arreglármelas sola... a tener que ponerme a trabajar, a dejar a mi hijo con alguien, a volver a una Argentina convulsionada y peligrosa, a no tener para dónde agarrar, pese a sentirme aplastada en este país.
Es difícil reconocerlo, pero todos estamos donde estamos por lo que hemos hecho antes, por las decisiones tomadas en el pasado, y no podemos culpar a nadie por nuestras decepciones. S i fuimos demasiado ingenuos, si esperamos más de lo que nos podían dar... es nuestra responsabilidad y hay que aprender de eso,para no volver a equivocarse.
Así es que todo lo que cuente hay que verlo desde dos perspectivas: cómo me sentía entonces y lo que pienso ahora.
domingo, 27 de julio de 2008
LAS FAMOSAS VISITAS
Ah...! Cada quince días la receta era ir a la casa de mis suegros. En realidad, de él no puedo decir nada. Discreto... agobiado, digo yo, por su esposa, que no lo dejaba ni respirar.
Lo llamaba para todo: andá a comprar verduras, pero fijate que los tomates no sean ni muy maduros ni muy verdes, que las papas tengan todas el mismo tamaño, que los bananos no estén manchados, que los aguacates no estén muy duros... todas las instrucciones antes de salir. "Por favor, guardá ésto en la heladera, porque si la abro yo puedo resfriarme" Y le ponía una gorra y una bufanda, no fuera a ser que él también se resfriara...
La visita era una verdadera tortura. Nos acomodábamos en el cuarto de soltero de mi marido. Eso era lo de menos. Lo peor es que ella hablaba incesantemente mientras el televisor daba las noticias... o sea, en realidad, el televisor estaba siempre encendido. Mi marido se tiraba en el sillón y decía " ajá" a todo lo que ella hablaba, pero en realidad no la escuchaba, más bien, se quedaba dormido. O tal vez se iba a ver a algún amigo y me dejaba a mí haciendo la visita. No sabía dónde meterme.
A la hora de comer, ella nunca se sentaba a la mesa. El procedimiento era el siguiente: primero le servía un GRAN PLATO a su marido. Luego, a su hijo, otro parecido. Otro más pequeño para mí, y ella comía luego sola. Cuando llegaba su otro hijo, entonces servía primero a SUS HOMBRES, y luego a sus esposas...
Sus mayores entretenimientos eran : ver pasar los entierros frente a su casa, rumbo al cementerio que quedaba a las dos cuadras y ver quiénes iban en el cortejo.La gente iba a pie , así que de pronto reconocía a alguien..."Mirá, ahí va Fulanita... qué gorda está la pobre..." Y empezaba a contar todas sus historias.
Otro era hablar de las empleadas que tenía o había tenido, y de sus vidas, y de si limpiaban o no bien el piso, y si dejaban la cocina impecable ...
Y no recuerdo qué otra cosa la apasionara tanto como hablar ... de la gente.
Llegaba el domingo y ya empezaba a respirar más tranquila , pensando que volvía a casa. Casi siempre aparecía alguno de sus hermanos de visita, cerca de mediodía, así que el almuerzo se atrasaba...y yo deseando irme! Teníamos como cinco horas de camino , y gran parte de él era de montaña, de ripio la parte montañosa y si no llovía a cántaros, entonces había una espesa niebla. Así que siempre deseaba irme temprano para pasar la peor parte cuanto antes.
Finalmente nos subíamos al auto en medio del aguacero ... En esos tiempos los autos no venían equipados con cinturones de seguridad, ni le hacían recomendaciones especiales de cómo viajar con bebitos. Así que arrancábamos... adiós,adiós, hasta dentro de quince días (obligatorio) ... y yo iba que me llevaban los diablos. Casi siempre íbamos discutiendo en el auto...
Y eso fue rutina durante todo el tiempo que vivimos en el Caribe... como dos años y medio...
Lo llamaba para todo: andá a comprar verduras, pero fijate que los tomates no sean ni muy maduros ni muy verdes, que las papas tengan todas el mismo tamaño, que los bananos no estén manchados, que los aguacates no estén muy duros... todas las instrucciones antes de salir. "Por favor, guardá ésto en la heladera, porque si la abro yo puedo resfriarme" Y le ponía una gorra y una bufanda, no fuera a ser que él también se resfriara...
La visita era una verdadera tortura. Nos acomodábamos en el cuarto de soltero de mi marido. Eso era lo de menos. Lo peor es que ella hablaba incesantemente mientras el televisor daba las noticias... o sea, en realidad, el televisor estaba siempre encendido. Mi marido se tiraba en el sillón y decía " ajá" a todo lo que ella hablaba, pero en realidad no la escuchaba, más bien, se quedaba dormido. O tal vez se iba a ver a algún amigo y me dejaba a mí haciendo la visita. No sabía dónde meterme.
A la hora de comer, ella nunca se sentaba a la mesa. El procedimiento era el siguiente: primero le servía un GRAN PLATO a su marido. Luego, a su hijo, otro parecido. Otro más pequeño para mí, y ella comía luego sola. Cuando llegaba su otro hijo, entonces servía primero a SUS HOMBRES, y luego a sus esposas...
Sus mayores entretenimientos eran : ver pasar los entierros frente a su casa, rumbo al cementerio que quedaba a las dos cuadras y ver quiénes iban en el cortejo.La gente iba a pie , así que de pronto reconocía a alguien..."Mirá, ahí va Fulanita... qué gorda está la pobre..." Y empezaba a contar todas sus historias.
Otro era hablar de las empleadas que tenía o había tenido, y de sus vidas, y de si limpiaban o no bien el piso, y si dejaban la cocina impecable ...
Y no recuerdo qué otra cosa la apasionara tanto como hablar ... de la gente.
Llegaba el domingo y ya empezaba a respirar más tranquila , pensando que volvía a casa. Casi siempre aparecía alguno de sus hermanos de visita, cerca de mediodía, así que el almuerzo se atrasaba...y yo deseando irme! Teníamos como cinco horas de camino , y gran parte de él era de montaña, de ripio la parte montañosa y si no llovía a cántaros, entonces había una espesa niebla. Así que siempre deseaba irme temprano para pasar la peor parte cuanto antes.
Finalmente nos subíamos al auto en medio del aguacero ... En esos tiempos los autos no venían equipados con cinturones de seguridad, ni le hacían recomendaciones especiales de cómo viajar con bebitos. Así que arrancábamos... adiós,adiós, hasta dentro de quince días (obligatorio) ... y yo iba que me llevaban los diablos. Casi siempre íbamos discutiendo en el auto...
Y eso fue rutina durante todo el tiempo que vivimos en el Caribe... como dos años y medio...
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